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El Escudo

Para empezar  habría que señalar que su actual configuración ha sido recuperada recientemente.

 Concretamente fue en el año 1987, cuando el Ayuntamiento de Villamanrique se puso en contacto con varios expertos para asesorarse en el tema, hasta el momento y antes de las obras realizadas en el Ayuntamiento , venia presidiendo  la fachada del inmueble un escudo diferente al actual, aunque con algunos elementos similares.

La fuente histórica consultada y base para la configuración del escudo procede de la carta de privilegio otorgada por el Maestre de la Orden de Santiago D. Rodrigo Manrique, fechada el 18 de Diciembre de 1474 en Almedina, por medio de la cual hace Villamanrique (entonces Belmonte de la Sierra) villa  de por si eximiéndola de

la jurisdicción de Torre de Juan Abad, que se conserva gracias a las confirmaciones de privilegios realizada por Carlos III.

En dicho documento aparte de otras muchas cosas se menciona lo siguiente referido al sello o escudo:

 “e que fagades un sello con que selledes  vuestras cartas peticiones e vos damos por figura que se ponga en el dicho sello una cruz de santiago y en rededor de ella nuestras armas y al pie del sello una figura de sierra e así fecho desde ahora para entonces y desde entonces para agora lo que aprobamos e havemos por nuestro sello autentico para que vala e haga fe”

Partiendo de esta base, se configuró el actual escudo de Villamanrique que debe ser similar al que se utilizo en un principio desde 1474, y que en algún momento cayó en desuso.

Los elementos que lo componen son los siguientes:

Escudo a la española (redondeado en su parte inferior) en campo de gules (o sangre). La cruz de la Orden Militar de Santiago, del mismo color rojo y perfilada de plata, a ambos lados de la cruz dos calderas ajedrezadas de oro y sable y saliendo de las mismas tres sierpes en verde.

En el extremo inferior, también en verde, la figura de una sierra, que hace referencia a la de San Cristóbal y al antiguo nombre de Belmonte de la Sierra.

Bordura general de doce compones, seis de Castilla, alternándose con seis de León, los de Castilla en campo rojo, el castillo de oro aclarado, la puerta y las ventanas de azul y las piedras de las paredes señaladas. Y los de León en campo de plata y el león rampante de púrpura.

Rematando todo el conjunto la corona condal, de cuya dignidad era titular  D. Rodrigo Manrique, (Conde de Paredes de Nava, por gracia del rey Juan II de Castilla desde el año 1452).

 Por lo tanto el escudo de Villamanrique, es el mismo que el del linaje Manrique de Lara     (linaje al que pertenecía D. Rodrigo) al que se le ha añadido la figura de la cruz de Santiago y de la Sierra, y que obedece a grandes rasgos a las directrices impuestas en la carta de privilegio, por el Maestre.

                                                                            

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      Nobles Blasones

 

La heráldica  está representada en Villamanrique por un considerable número de  blasones que sitúan al municipio en el tercer lugar del Campo de Montiel, después de Infantes y La Solana.

La Encomienda de Montizón perteneciente a la Orden de Santiago influyó durante mucho tiempo en el modo de vida de los habitantes del municipio, aportó belleza monumental al casco urbano y los comendadores dejaron valiosas muestras de heráldica en las mejores mansiones de la villa.

 Los Manrique constituyeron en las Cortes Castellanas de los siglos XII a XV un poder oligárquico, que junto los Velasco, Luna, Zúñiga, Enríquez, Mendoza, Chacón y pocos más, influyeron notablemente en las decisiones de la Corona. En el Campo de Montiel la relevancia de este linaje fue considerable, especialmente en Villamanrique, que le debe su nombre actual y su consideración de villa.

Jorge Manrique fue designado por su padre, el maestre Don Rodrigo, para regir la encomienda de Montizón, cargo que desempeñó desde 1474 hasta su muerte en el año 1479.

Desde la localidad albaceteña de Villapalacios, los Manrique o más propiamente los Condes de Paredes de Nava, continuaron ejerciendo un considerable poder económico y social sobre la zona durante muchos años. Testimonio de esta influencia, extendida a Villamanrique, es el escudo de armas del duque de Guastala, esposo de la condesa de Paredes de Nava y Señora de Villapalacios, Maria Manrique de Lara.

Desde la muerte de Jorge Manrique hasta el pase del Maestrazgo de las Órdenes al Rey Católico, diez años después, la encomienda de Montizón pudo gobernarse por medio de administradores nombrados por el Consejo de Órdenes.

 Con Salazar y Castro comienza la reseña de los comendadores de Montizón nombrados por la corona como el capitán de la Guardia Real Jerónimo Cabanillas, cuyo cese tuvo lugar el 5  de julio de 1550. Hijo de éste fue otro tal Jerónimo, gentil hombre de Carlos I, que permaneció en el cargo hasta su fallecimiento en 1593.

 Durante dos años permaneció la encomienda vacante, regida por el comendador de Torres y Cañamares Juan de Menchaca en calidad de Administrador. En 1595 tomó posesión su titular, García de Figueroa y Toledo, que se mantuvo en ella hasta 1608.

Un año después del fallecimiento del anterior comendador fue concedida la encomienda al Marqués de Caracena y Conde de Pinto, Luís Toledo Carrillo, virrey de Valencia. La hija de su tercera esposa, Luisa, contrajo matrimonio con Sebastián Suárez de Mendoza, Virrey de Navarra, Conde de La Coruña y Vizconde de Torija, quien recibió la encomienda en 1626, al fallecimiento del Marqués. Durante su permanencia al frente de los territorios de Montizón y Chiclana, el conde de La Coruña debió rehabilitar la Casa de la Encomienda o de Montizón y, como era costumbre entre los comendadores, puso sus armas en la fachada del edificio como señal o marca personal que recordase a sus sucesores en la merced real que las obras habían sido realizadas a su costa.

 

Blasón personal del caballero de Santiago Sebastián Suárez  de Mendoza

Escudo labrado en piedra, en buen estado, perteneciente a la primera mitad del siglo XVII y, situado en la fachada principal de la Casa de la Encomienda, calle Cervantes nº 11.

 

           

 

Al quedar vacante  una vez más la encomienda, fue nombrado administrador el Marqués de Casano, García de Barrionuevo y Peralta responsabilizándose de Montizón y Chiclana desde el año 1647 hasta  1648 que fue designado Pedro Andrés de Guzmán, Marqués de Algaba.

Las armas de los Algaba se colocaron también en la fachada de la casa de la Encomienda, pero no puede precisarse si corresponden a Pedro o a su hermano Antonio, muerto en Orán siendo gobernador de aquella plaza africana. En cualquier caso, los beneficios de la encomienda sirvieron como pensión de viudedad a dos marquesas, porque en 1681 se concedía titularidad de Montizón y Chiclana a la segunda viuda, Mariana de Velasco y Ayala, esposa de Pedro. 

 

Blasón personal del caballero de Santiago Pedro Andrés de Guzmán.

Escudo labrado en piedra, deteriorado, de la segunda mitad del siglo XVII. Situado en el interior de casa nº 3 de la calle Antonia Manzano.

       

 

Blasón correspondiente al enlace de Ana Velasco Ayala y Pedro Andrés de Guzmán.

Escudo labrado en piedra de la segunda mitad del siglo XVII, situado en la fachada de la Casa de la Encomienda.

    

En 1682 se hacia cargo de la encomienda Nicolás Fernández de Córdoba, Marqués de la Granja que administró las rentas y realizó las mejoras y modificaciones que reclamó el patrimonio. La presencia de éste tendría una expresión heráldica de notable interés, ya  que  era  prototipo de la alta nobleza española. En su genealogía el personaje aglutina por línea paterna las referencias familiares de Fernández de Córdoba, Figueroa y Ponce de León y; por línea materna era de la Cerda y Aragón, llevando consigo la sucesión al Ducado de Medinaceli.

Al fallecimiento de su hermano primogénito, Nicolás acumuló en su persona los títulos de duque de Feria y de Medinaceli más los marquesados de Montalbán, Priego y La  Granja. Nicolás se desposó con Jerónima Espinola de la Cerda, pariente suya y relacionada con los marqueses de Balbases y de Garrés, comendadores que habían sido de Castilla y Carrizosa.

La descendencia de Nicolás, a través de sus hijos, trasladó los títulos paternos hasta nuestros días. Nicolás instaló su escudo de armas en la casa de administración y morada suya durante sus estancias en Villamanrique, que no serían largas habida cuenta de sus muchos cargos, entre ellos el de secretario del Consejo de Guerra de Carlos II.

 

Blasón personal del caballero de Santiago Nicolás Fernández de Córdoba.

Fue administrador de la encomienda entre los años 1681 y 1682, siendo titular de la misma la marquesa viuda de Algaba, Ana de Velasco y Ayala.

Escudo labrado en piedra de la segunda mitad del siglo XVII. Situado en la fachada del nº 42  y 46 de la calle Jerónimo Frías. Con timbrado inquisitorial.

Otro comendador que dejó esculpidas sus armas de linaje en una Portada de Villamanrique fue el Duque de Guastala, Vespasiano Gonzaga y Capúa, titular de la encomienda de Villahermosa en 1678.

La presencia de dicho duque puede obedecer al matrimonio de Vespasiano con la Condesa de Paredes de Nava, Maria Manrique de Lara, señora de Villapalacios.

Su blasón en nada desmerecía de los condes de Paredes de Nava, ya que el unía al ducado de Guastala los títulos italianos de príncipe de Malfeta y del Sacro Imperio, además del parentesco con el Papa Sixto V, que era su tío abuelo.

 

Blasón personal del caballero de Santiago Vespasiano Gonzaga y Capua.

Escudo labrado en piedra, deteriorado, segunda mitad del siglo XVII, situado en la fachada nº 60 de la calle Jerónimo Frías.

 

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Este sitio se actualizó por última vez el 30 de diciembre de 2005