HISTORIA

 

Bellomonte en el siglo XIII, Belmontejo de la Sierra al ser repoblado en los primeros años del siglo XV y Villamanrique desde el 18 de diciembre de 1474 en que Don Rodrigo Manrique, Conde de Paredes y penúltimo Maestre de Santiago, le otorgó el privilegio de villa y cuyo nombre tomó por gratitud, apartándole de Torre de Juan Abad del que era aldea.

      Situado en un paso natural muy favorable entre la meseta y el valle del Guadalquivir, es indudable que debió utilizarse  desde las más primitivas culturas por lo que es evidente  que varios sitios estratégicos deben contener restos en espera de ser explorados.

      Vestigios de una gran población se señalan cerca del Guadalén, al oeste del pueblo y que algunos identifican con Mentesa Oretana (pueblos próximos a los iberos geográfica y culturalmente, pero con peculiaridades históricas, culturales y económicas que los distinguen).

     Constituían una cultura desarrollada fundamentalmente en ciudades, con una organización social jerarquizada (había clases según el nivel económico) y un sistema político monárquico: una cultura del tipo “ciudad-Estado”, habitual en el Mediterráneo y en el Sur de la Península por aquella época. Tenían un componente importante de origen fenicio y norteafricano. Antes de su conquista por los cartagineses en el siglo V a.C., el territorio había estado unificado, durante varios siglos como “reino de Tartesios”. La región contaba con una enorme riqueza agrícola, ganadera, minera y pesquera. Siendo posible que el actual Castillo de Montizón recordara esta misma zona. 

    Restos de un campamento romano  se señalan al sur del pueblo y no lejos del Camino Hercúleo.

   Los romanos destacaron como ingenieros, resultando admirable la eficacia, solidez e incluso belleza de sus obras públicas. Fue en este tipo de construcciones donde los romanos alcanzaron mayor perfección en la aplicación de las técnicas aprendidas de etruscos, griegos o sirios.

     La necesidad de conquistar y de gobernar lo conquistado impuso al Estado romano la puesta en práctica de un ingente esfuerzo constructivo.  Esfuerzo intenso y constante en la construcción y conservación de una tupida red de caminos que uniera fácilmente con Roma los más apartados rincones del Imperio. Razones estratégicas, económicas y políticas movieron a ello.

      La calzada es el más importante de todos los tipos de vías romanas. Su anchura era de cinco o seis metros, de modo que dos carros podían cruzarse sin problemas, y además tenían aceras y arcenes.

    Estaban construidas a conciencia, con un pavimento de medio metro de espesor, compuesto por cuatro capas de diferentes materiales, entre dos bordes de sillares de piedra. La parte superior estaba formada por losas de piedra.

    Con tal solidez no es de extrañar que por toda la geografía del antiguo Imperio Romano se conserven todavía muchos tramos de este tipo de vía.

    En España la más importante era la Vía Augusta, nombre con el que empezó a llamarse por ser  el emperador Augusto quien la modernizó. Esta calzada conducía a Roma atravesando Cádiz, Híspalas, Corduba, parte del interior peninsular, Cartago Nova, Saguntum, Tarraco y finalmente los Pirineos.

    Esta importante vía cruzaba Villamanrique y su término correspondiente. También se mencionan ruinas de esta época    en la Dehesa de Sabiote, donde algunos historiadores sitúan otro de los pueblos prerromanos, la Salaria Oretana.

    De la época árabe resta el célebre castillo de Eznavejor o Torres de Xoray, construido por estos dominadores y abandonado en el siglo XIII; también puede provenir de esta época  el nombre de la Dehesa de Zahora, situada a una legua al sudeste del pueblo y que otros autores creen de origen hebraico.

     La toma del fuerte castillo de Eznavejor, en 1213, determinó la Reconquista de esta comarca y su donación a la Orden de Santiago en 1214. La administración de esta Orden concedió gran importancia estratégica a su situación, construyendo un nuevo castillo mirando hacia el sur, con el nombre de Sant Yague de Montizón; elevando para complemento suyo varias torres, de las cuales la de la Higuera se conserva en buen estado, destacándose sobre una loma cerca del arroyo Cañada Santa  María y que tenía en su falda dos fuentes famosas por sus sanguijuelas.

     A principios del siglo XVI se señala que es un lugar muy pasajero del Reino de Valencia al de Granada y Andalucía, y de la Mancha y el Priorazgo de San Juan para Granada, actuando el pueblo como puerto.

     En el extremo sur del término y sobre la Vereda de los Serranos, en 1617 se reconstruyo por el Comendador de Segura, duque de Feria, como acreditan las armas y fecha que existen en su  portada, la Venta Nueva, siendo notable haberse conservado hasta nuestra época con su intacto sabor cervantino.

     De esta época data la Iglesia Parroquial San Andrés Apóstol, de una sola nave con retablo mayor de maravillosa ejecución, gallarda torre y bella galería.

     En el núcleo urbano se encuentran algunas casas señoriales de finales del siglo XVII, como las situadas en la Calle Jerónimo Frías.

     Y como no mencionar la Casa de la Encomienda o “Casa Grande”, renacentista y de bello patio columnado con galería de balaustres de madera.